Papiroflexia con diccionarios y palabras moribundas

En un artículo reciente en La Vanguardia, el escritor Quim Monzó comentaba una situación que se vivió en el Mercadal de Reus. Un hombre que vendía aviones de papel a los niños tuvo que retirar su “hangar” ante las indicaciones de la policía. El hecho molestó a la gente que andaba por allí, al ver cómo la Guardia Urbana expulsaba al hombre del puesto que había colocado en el Mercadal. Tanta gente fue la que protestó y recriminó el acto de la policía que además de la mencionada Guardia Urbana también tuvieron que intervenir los Mossos.

Según Quim Monzó, la imagen de un hombre vendiendo aviones de papel a los niños despierta ternura y, claro está, la indignación de la gente ante tal hecho es espontánea. Pero para la autoridad, cualquier tipo de venta tiene que pagar impuestos aunque muchos crean que extender una manta en el suelo les libra de tal obligación.

El escritor catalán, después de exponer lo ocurrido, añadía que el hecho realmente curioso no era ése. El detalle principal era que los niños comprasen aviones de papel. Finalizaba su artículo diciendo que hasta hace no mucho, era impensable que un niño comprase un avión de papel, y si lo hace es porque nunca nadie le ha explicado cómo se realiza.
Vivimos en una época en la que los niños pequeños nos sorprenden a todos usando tabletas electrónicas, móviles, etc. Eso está muy bien, pero la noticia de un niño pagando por un avión de papel nos debería hacer pensar en cómo queremos educar a los que vienen y a los que ya están aquí: enseñándoles lo básico directamente, o pagando por una aplicación que lo haga por nosotros.

Sin embargo, lo que he contado hasta ahora no es el objeto de esta nueva entrada. Me gustaría centrarme simplemente en la palabra papiroflexia. Según el DRAE:
papiroflexia.
(De papiro, papel, y el lat. flexus, part. pas. de flectĕre).
1. f. Arte y habilidad de dar a un trozo de papel, doblándolo convenientemente, la forma de determinados seres u objetos.

portada-palabras-moribundas_grandeSi ese arte se deja de enseñar, poco a poco, la palabra papiroflexia se usará cada vez menos.
Con esas palabras que cada vez se usan menos, Pilar Gª Mouton y Álex Grijelmo publicaron el año pasado un libro titulado Palabras moribundas en el que recogen vocablos que o bien ya no se usan o están en peligro de extinción, quedando en muchos casos cercados por un determinado ámbito geográfico o social.

Partiendo de este libro, en la clase del Taller de creación literaria de Villacarrillo comenzamos a hablar de una técnica usada por muchos escritores como recurso para arrancar sus historias. El Binomio fantástico, que básicamente consiste en elegir al azar dos palabras en el diccionario (a poder ser de campos semánticos y conceptuales distintos) y una vez en nuestro poder usarlas para construir una historia en la que encontremos una unión para los dos términos.
En clase, en lugar de usar el diccionario, utilizamos el libro Palabras moribundas.

IMG-20130109-WA0002 Cada alumno escogió al azar dos palabras y se las llevó a casa para escribir su relato. Durante esta semana, por esta zona de Jaén habrá palabras moribundas que tomen mucha vida (algunas cuyo significado era desconocido incluso serán dotadas de uno nuevo). Ababol y Borceguí, Acerico y Santos, Cochera y Almazuela, Troje y Ahíto, entre otros muchos términos están ya dando vueltas en la mente de los alumnos, buscando su sitio en la ficción.
El uso de los diccionarios en una clase de escritura creativa, como recurso literario, funciona muy bien. La página de Internet del DRAE nos permite consultar acepciones desde la edición de 1734, y comprobar, por ejemplo, que palabras como besar no siempre fue “Tocar u oprimir con un movimiento de labios, a impulso del amor o del deseo o en señal de amistad o reverencia”. A lo largo de la historia, el beso entre dos personajes de un relato cualquiera, pudiendo ser  el mismo,  se ha definido de forma distinta.
Con el objetivo de crear otro nuevo diccionario con el que jugar escribiendo, a partir de la semana que viene, en el taller de Villacarrillo, vamos a empezar a reunir términos que se usan por esta zona, para darles más vida (por si acaso). Particularmente, me interesa también como foráneo conocer palabras que hasta hace poco no había oído, al menos con el significado local (panillero, ligar, mendruguero, malena, etc.)
Se trata tan sólo de doblar convenientemente las hojas de papel de los diccionarios para dar forma a nuevos seres u objetos que busquen un espacio en el aire no habitado todavía, como si fuesen aviones de papel. Aún no está escrito, pero ya va cogiendo altura.

avion

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