Caminemos entre aforismos

Hacia el final de Diario de invierno, el libro de memorias de Paul Auster, el escritor hace la siguiente confesión:

Con objeto de hacer lo que haces, necesitas caminar. Andando es como te vienen las palabras, lo que te permite oír su ritmo mientras las escribes en tu cabeza. Un pie hacia delante, y luego otro, el doble tamborileo de tu corazón. Dos ojos, dos brazos, dos piernas, dos pies. Éste, y luego el otro. Ése, y luego éste. El acto de escribir empieza en el cuerpo, es música corporal, y aunque las palabras tienen significado, pueden a veces tener significado, es en la música de las palabras donde arrancan los significados. Te sientas al escritorio con objeto de apuntar las palabras, pero en tu cabeza sigues andando, siempre andando, y lo que escuchas es el ritmo de tu corazón, el latido de tu corazón.Mandelstam: ‘Me pregunto cuántos pares de sandalias gastó Dante mientras trabajaba en la Commedia’. Escribir es una forma menor de la danza

Mis pasos caminan a mucha distancia (no hay sandalias suficientes para calcularlo) de Paul Auster y, por supuesto, de Dante. Caminar e ir pensando en historias, en personajes, en situaciones reales, absurdas o imposibles, es algo que siempre me ha gustado. De hecho, es un ejercicio que hago con los alumnos en las clases de creación literaria. Pasos que se cruzan, que se distancian, que vuelven por el mismo sitio para perderse o encontrarse de nuevo. Gente que camina y escribe con el cuerpo, incluso una vez que se han sentado para hacerlo. El resultado, que en el ámbito de una clase de creación literaria suele estar determinado por el tiempo y las condiciones del espacio, es realmente curioso: confesiones, inicios de historias, reflexiones, arrepentimientos, juramentos… En cualquier caso, herramientas con las que comenzar a construir algo.

El Salvador (Úbeda)El camino del escritor (título de este ejercicio) también puede ser utilizado directamente para construir el día a día de un taller de escritura creativa. Desde hace años, el destino de las clases que preparo suele estar bajo la influencia de mis pasos. Andar sin rumbo, aprovechando lo que ofrece la ciudad, para que en la cabeza vayan cogiendo sitio las ideas que sirvan de base para crear las explicaciones y los ejercicios.

Lo que ha ocurrido esta semana en la clase del Taller de creación literaria de Villacarrillo es el resultado de un paseo de hora y media por Úbeda, el pasado domingo por la mañana. El casco antiguo, los miradores, la muralla, Hospital de Santiago… Además del paisaje (es curioso comprobar cómo varían tus pensamientos si caminas entre monumentos, vistas a la sierra, o atravesando una gasolinera), en el desarrollo de la clase ha tenido que ver el hecho de que durante buena parte del trayecto fuera escuchando la radio. En una entrevista a un científico (español y de cuyo nombre, confieso, no puedo acordarme), escuché decenas de aforismos que hicieron plantearme la posibilidad de utilizar este género en clase. Algunos de los que escuché y pude apuntar en una libreta:Vista desde los miradores (Úbeda)

Mirar a una cámara es mirar a la posteridad

Cambiar de respuesta es evolución; cambiar de pregunta es revolución

Una idea que no acaba en un buen aforismo, no es una buena idea

Como base, el aforismo tiene su propio resultado: hacernos reflexionar y pensar en aquello que, en muchas ocasiones, creemos evidente cuando hasta entonces nunca lo habíamos observado detenidamente.

Respecto a la creación literaria, el resultado también es evidente: utilizar esa reflexión, lo que sugiere, como base para construir una historia.

Cada uno de los alumnos ha escogido un aforismo de autores muy variados: Juvenal, Groucho Marx, Leonardo da Vinci, Albert Camus, etc.
Si la semana pasada algunas palabras moribundas tomaban vida en la ficción, durante estos días los aforismos caminarán junto a los escritores del Taller de Villacarrillo, entre pasos que se cruzan, que se distancian, que vuelven por el mismo sitio para perderse o encontrarse de nuevo. Aún no está escrito, sigamos caminando.

P.S. Hoy es un día señalado en el calendario: el 17 de enero de 1860 nació Antón Chéjov. Y hoy también es el día en el que Juan Jacinto Muñoz Rengel publica su nuevo libro, titulado El sueño del otro. Mientras espero a que mi librero me traiga un ejemplar, los cuentos de Chéjov ocuparan la lectura del día.

Antón Chéjov

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