Debate y crea

SolanaEstamos acostumbrados desde hace tiempo a ver cómo en los medios de comunicación los espacios dedicados a la cultura escasean. Por consiguiente, los dedicados exclusivamente a la literatura (no digamos ya a la creación literaria) son muy pocos. Hemos llegado a un punto el que un programa ocupado en difundir la literatura, que nazca y se mantenga (en radio o en televisión), sea un logro. Lo es. Pero no hay que conformarse con eso. Difundir la literatura, conocer a los escritores, lo que piensan, en lo que trabajan, etc., es necesario. Sin embargo, junto a eso, hay algo que todavía lo es más: reunir a los escritores (pensadores, artistas, creadores de todo tipo) para que debatan en un mismo espacio (hace tiempo que no veo algo así). Lo comprobé ayer de nuevo, en una clase de creación literaria.
Durante las sesiones de taller, suelo insistir en que las indicaciones y las recomendaciones que doy son meramente orientativas. Que salvo ciertos aspectos, la enseñanza de la creación literaria no está sujeta a un canon exclusivo. Por ello, intento acercar a los alumnos a las posturas de escritores que hablan abiertamente de su oficio, para que luego sean ellos los que decidan qué camino elegir o, mejor aún, que camino crear a partir de esa experiencia.
Más allá de la teoría pura y dura (la prefiero disuelta en la práctica), solemos trabajar directamente con decálogos y cualquier tipo de listas con recomendaciones realizadas por escritores. Roberto Bolaño, Horacio Quiroga, Augusto Monterroso, John Steinbeck, entre muchos otros, suelen aparecer por clase para hacer de las suyas. Digo esto porque, antes de presentarlos en clase para que lleven a cabo su cometido, advierto que estos consejos, en ocasiones, hay que verlos simplemente como bromas que tener muy en cuenta.
Roberto Bolaño recomendaba no leer ni de lejos a Cela y a Umbral. Escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco (hasta de quince en quince si hay fuerzas). Augusto Monterroso aconsejaba no perseguir el éxito, porque el éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aprovechar las desventajas como el insomnio, la pobreza o la prisión. Y, después de todo, recordar siempre que en literatura no hay nada escrito. Lo que se comenta por los alumnos a partir de esos consejos, llena para siempre la atmósfera del grupo.
Ayer fue el turno de John Steinbeck. Este fue el eje del debate:

John-Steinbeck1) Abandona la idea de que terminarás algún día. Pierde la cuenta de las 400 páginas y escribe una página diaria, eso ayuda. Después, cuando hayas terminado, siempre te sorprenderás.

2) Escribe libremente y tan rápido como sea posible, echando todo el papel. No corrijas o reescribas hasta que hayas escrito todo el libro. Las correcciones hechas durante el principio de la creación son, por lo general, excusas para no seguir adelante. Además, influyen en el flujo y el ritmo, que solo pueden ser fruto de una especie de asociación inconsciente con el tema.

3) Olvida a tu auditorio general. Primero, ese auditorio anónimo y sin rostro te atemorizará terriblemente y, segundo, a diferencia del teatro, ese auditorio no existe. Al escribir, tu auditorio es un lector único; he descubierto que a veces resulta útil escoger a una persona: una persona real a la que conoces o una persona imaginaria y escribir dirigiéndose a ella.

4) Si una escena o parte te parece difícil y aun así piensas que la quieres incluir, déjala y continúa. Cuando termines de escribir la totalidad podrás regresar y quizá encuentres que había presentado tantas dificultades porque no se encontraba en su lugar.

5) Desconfía de una escena que te guste demasiado, más que las otras. Por lo general resulta ser una imposición.

6) Si escribes diálogos, repítelos en voz alta a medida que los vayas escribiendo. Sólo entonces obtendrás el sonido del diálogo.

Steinbeck ocupa un lugar preferente en mi librería. Las uvas de la ira es desde hace tiempo el libro al que mayor cariño tengo. No obstante, no estoy de acuerdo con todo lo que se asegura en esos seis puntos. Admito que hace años (cuando leí la novela por primera vez)  defendería a muerte a este escritor al que admiro, en todo lo que dijera, renegando de las críticas que se le hicieran. Por ejemplo, no seguiría leyendo el libro de John Gardner, titulado El arte de la ficción, en el que asegura que Las uvas de la ira no es una de las grandes obras de la literatura, sino un decepcionante melodrama porque John Steinbeck no sabía nada de los rancheros californianos que puteaban a los protagonistas en su viaje después de la Gran depresión americana. Ahora, prefiero la discusión que surge de un comentario así por lo que aporta. Los alumnos del taller de Villacarrillo, en el debate de ayer, me demostraron que es así. Disfruté con la tertulia que se fue creando conforme iba leyendo cada uno de los puntos. Fue enriquecedor verlos hablar apoyados en su experiencia como autores.

El intercambio de opiniones entre escritores también debería formar parte de la creación literaria, de la literatura en general y de la cultura (también de la que sobrevive en los medios). Habrá que insistir en potenciar algo así. Aún no está escrito, empecemos debatiendo.cafeliterario_1256944827

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