Bolaño y mi librería. Bolaño y mi biblioteca.

20140715_183320 Un día como hoy de 2003 falleció el escritor chileno Roberto Bolaño. También un día como hoy de 2010, compré mi primera gran librería empujado por él, o mejor dicho, por el recuerdo y el amor a los libros que dejó entre quienes lo conocieron.

En algún momento de la vida de cualquier lector, la adquisición de algún libro comienza a representar un desafío al espacio doméstico. Durante muchos años, pude solventar ese problema fabricando estanterías y muebles de dudoso gusto y peligrosa calidad. Las paredes, entonces, se fueron ocultando entre desatinos y buena literatura.

Hasta que llegó el día  en el que decidí que eso se tenía que acabar. Si la colección de libros seguía aumentando, debía comprar una buena librería donde colocar la mayor parte. Al principio opté por lo fácil: mirar en los grandes almacenes, tiendas de barrio, saldos… Y mientras iba acumulando semanas sin decidirme por ninguna de las opciones, un día, sin otra pretensión que pasar el tiempo viendo algo interesante, puse el nombre del escritor chileno en Youtube.  Y allí, en un documental sobre su vida en el que aparecían sus amigos y su familia, encontré el ánimo que me hacía falta para gastarme la pasta en una librería hecha a medida, diseñada con gusto y con una calidad, esta vez sí, certificada.

El documental se titulaba Bolaño cercano. Entre otros testimonios, aparecía uno de su mujer en la biblioteca personal del escritor, contando cómo le gustaba a éste ordenar los libros por afinidades personales, relecturas, manías, lenguas… También se incluía la lectura de “Biblioteca”, un poema que le escribió a su hijo Lautaro (que es quien lo lee en el documental).

Biblioteca

Libros que compro
Entre las extrañas lluvias
Y el calor
De 1992
Y que ya he leído
O que nunca leeré
Libros para que lea mi hijo
La biblioteca de Lautaro
Que deberá resistir
Otras lluvias
Y otros calores infernales
—Así pues, la consigna es ésta:
Resistid queridos libritos
Atravesad los días como caballeros medievales
Y cuidad de mi hijo
En los años venideros

Mi biblioteca pasó entonces de estar sin orden a tener un criterio y un espacio más idóneo: libros de poesía de autores españoles, europeos, estadounidenses, iberoamericanos… Relato corto, novela (desordenada alfabéticamente como homenaje a mis comienzos o como reconocimiento de una vagancia que yo creo sofisticada), ediciones especiales o bellamente encuadernadas… Libros antiguos (algunos con más de un siglo, que más que en una estantería parecen estar en una UCI), un apartado especial para John Steinbeck en el que hay hasta siete ediciones distintas de Las uvas de la ira… Libros sobre creación literaria y, cómo no, un altar para los escritos por Bob Dylan (o sobre Bob Dylan). Una parte de mi vida, al fin y al cabo, que hace tiempo se volvió a quedar sin espacio para los nuevos libros.

cuentos-de-roberto-bolanoPor cierto, que la muerte de Roberto Bolaño y la llegada de la librería a mi casa tuvieran en común un 15 de julio fue una casualidad que no descubrí hasta este año, cuando revisando documentos encontré la factura de la carpintería. Justo el año en el que empecé a colocar mis libros para formar una auténtica biblioteca personal, en la que junto a los ya existentes, el primero en sumarse a la colección fue Cuentos de Bolaño (Llamadas telefónicas, Putas asesinas El gaucho insufrible). 

Seguro que una casualidad así merece un cuento que aún no está escrito.

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