Taller de Mucho Cuento, marzo de 2016

ÁNGELES ENCINAR

La disgregación y la fragmentación son rasgos característicos del final de siglo. La transformación de las estructuras sociales y políticas efectuada desde la mitad de la centuria pasada fue evolucionando de formas diferentes, y próximas estas al periodo finisecular terminaron por desembocar en el derrumbamiento de las teorías filosóficas y socioculturales que se habían tenido como brújula del pensamiento. Se constata un proceso de descomposición de los discursos totalizadores; las grandes propuestas intelectuales han perdido la identidad que las definía de una forma clara y consistente. Ahora nos encontramos en una situación donde prevalece lo pequeño, lo anti-comprensivo, lo no-absoluto. Nos hemos trasladado al territorio de los microrrelatos, que no aspiran a narrar ‘in toto’, articulando un conjunto completo y unificado de elementos, sino que pretenden preservar y promover la fragmentación y el antisistematismo.

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RAÚL BRASCA

Existen varias fórmulas para escribir micorrelatos, pero procuro no usarlas. Por ser tan breves, los microrrelatos tienen sus mecanismos muy claramente expuestos. Esto hace que esos mecanismos puedan ser copiados para producir microrrelatos como en una línea de producción. Creo que estudiar los mecanismos es saludable para obtener una comprensión cabal de este formato, pero que lo excitante y meritorio es encontrar otros nuevos tan eficaces como aquellos que organizan las brevedades que más nos han impresionado. Luego, La eficacia del microrrelato depende mucho del lector. Los microrrelatos humorísticos suelen ser muy eficaces y son más masivamente eficaces cuanto más se aproximan al chiste, que no es lo deseable. Cuanto más eliptico, cuanto más compleja es su ironía y mayores son los conocimientos culturales que exige del lector, menos masivo será un microrrelato, pero muy grande será su eficacia en quien pueda acceder a él. Esto no impide que haya microrrelatos que son simultáneamente de alto nivel literario y fácilmente comprensibles. El ejemplo inmediato es Monterroso. Hechas estas aclaraciones, creo que para ser eficaz como microrrelato, una brevedad debe funcionar como una maquinita perfecta, diseñada y aceitada para llegar al final siempre un instante antes que su lector.

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IRENE ANDRÉS-SUÁREZ

La hiperbrevedad del microrrelato como premisa artística supone un desafío doble: para el propio escritor, porque conlleva la exacerbación de la elipsis y de los espacios de indeterminación y, para el lector, porque desentrañar el sentido profundo de un texto de estas características supone un claro sobreesfuerzo interpretativo. Esa progresiva merma textual del cuento clásico -que corre paralela a la intensificación de la elipsis- generó, en un momento dado, una reacción en cadena que terminó afectando a su estructura profunda, es decir, la diferencia cuantitativa se volvió cualitativa, dando como resultado un modelo textual diferente (un cambio de paradigma) en el que se reconocen claramente unos rasgos dominantes y singularizadores que discurren de unos textos a otros; el proceso sería equiparable al que se dio en su día en la novela corta respecto de la larga.

Irene

DAVID LAGMANOVICH

En el microrrelato, no hay que dejar de lado la cuestión fundamental del título. Como ocurre también en el poema, el título de un texto literario orienta la lectura y elimina un cierto porcentaje de la ambigüedad literaria inherente a la mayor parte de estas construcciones. Es posible que el escritor perciba el título desde el primer instante, y que la presencia de este elemento esté guiando en forma efectiva el proceso de la composición. Si así ocurre, el título sintetizará en forma perfecta las significaciones del microtexto que está a punto de nacer. Pero si no fuera así no se ha perdido nada, pues el título -parte del texto al fin, aunque específicamente se acostumbra a considerarlo un “paratexto”, o sea lago que acompaña a éste- está sujeto a las mismas condiciones de permanente revisión y reescritura que rigen la elaboración del cuerpo mismo de la composición. No hay que temer al cambio de título: de lo que hay que cuidarse es de la sensación de que éste no responde adecuadamente a las características del relato.

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