Taller de Mucho Cuento. Febrero de 2016

CRISTINA FERNÁNDEZ CUBAS

A veces escribo para conjurar los miedos y otras veces no. Puede ocurrir que algún temor o alguna pesadilla se la enjaretas a un personaje y la disfrutas. A mí lo que más me gusta de la escritura es el proceso de escritura. Crees que vas a contar una cosa y puedes lograrlo o no, porque suceden muchísimas cosas en el proceso de escritura. A los personajes les das la palabra y resulta que la utilizan. Naturalmente eres tú el que se la has dado, pero si te has metido en una atmósfera determinada hay un momento en que puedes empezar a seguirles a ellos y olvidarte de lo que tú pensabas escribir para ir por otros caminos. O pararte antes de donde pensabas llegar. O ir más allá. Todo puede ocurrir.

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RICARDO PIGLIA

Hago planes y esquemas sobre todo cuando no estoy escribiendo. En general nunca los uso después. Me gustaría publicarlos alguna vez (o escribir un relato que tuviera forma); son anotaciones enigmáticas, fragmentos de anécdotas, cronologías, diálogos, frases aisladas. En realidad son un modo particular de escritura, una forma que tiene su propia vida.
Leo, por supuesto, mientras escribo, pero si tengo que pensar en un texto ligado a la escritura tengo que nombrar el ‘Diario de Kafka’: ése es un libro que sólo leo cuando estoy escribiendo.
Escribir es sobre todo corregir, no creo que se pueda separar una cosa de otra. De todos modos cuando el texto está terminado hay un trabajo de corrección que es bastante singular. Uno hace el esfuerzo de ponerse en el lugar de una especia de lector perfecto, capaz de detectar todas las fallas y los nudos del texto y trata de leer lo que ha escrito como si fuera de otro. En ese sentido la corrección es una lectura utópica y tan interminable como la escritura misma.

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CRISTINA GRANDE

El florecimiento del relato breve es síntoma de que el lector agradece que la buena literatura no lleve demasiado envoltorio. Como lectora yo busco la verdad, más allá de la extensión del texto, y agradezco que esa verdad –casi siempre dolorosa¬– me la cuenten con cierta ligereza y sentido del humor. Observo que la línea entre ficción y realidad cada vez es más delgada y a mí siempre me han gustado los textos memorialísticos, los dietarios, las autobiografías, etc. No sé hacia dónde se dirige el cuento español. Lo importante es que la oferta es tan variada que nunca nos faltarán buenos libros que leer.

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ANDRÉS NEUMAN

Geografía estética
Las partes más célebres de las cataratas del Igazú, las que rugen infinitas y se elevan al cielo, se encuentran del lado argentino. Al otro lado de la frontera, en el vecino territorio brasileño, apenas hay nada sublime; y, por lo tanto, es precisamente allí donde el observador deber situarse para contemplar mejor las cataratas. De este accidente geográfico mana una valiosa enseñanza estética: no se puede escribir desde la belleza, sino hacia la belleza.

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Diez años de Mucho Cuento

Charlie Monel, uno de los personajes de la novela Los viernes en Enrico’s, de Don Carpenter, es un escritor que se abre camino a trompicones y que acaba dando clases en un taller de escritura durante un tiempo. En un momento del libro asegura a su grupo de alumnos que la escritura creativa no se puede enseñar ni aprender y que lo que hay que hacer en un taller es escribir mucho, leer las cosas de los demás y tratar de ayudarse entre todos.

Si comenzara ahora mismo un nuevo taller, seguramente usaría ese comentario para romper el hielo y, de paso, preguntar por dónde andan las personas que se han apuntado en cuanto a lecturas. Es una manera como otra cualquiera de plantear el inicio y, normalmente, siempre hay alguien que menciona algún título o a algún autor relacionado con el cuento.

Impartir un taller de creación literaria se parece en algo a una de las muchas formas de escribir un relato. A lo largo de los diez años de vida de Mucho Cuento he dirigido en varias ocasiones esta actividad. Los días previos a la apertura de cada edición también se asemejan bastante. Pienso en la idea, en los temas, en los autores; recopilo toda la información con la que no contaba y que, de manera sorprendente, comienza a girar en torno a lo que estoy organizando. Y entonces llega la primera clase y me encuentro con caras conocidas y gente nueva que espera, a veces pasa, la fórmula secreta para escribir un cuento. Más allá (o más acá, nunca se sabe) de esa quimera, la línea está marcada y el objetivo más o menos claro. Empezamos a andar y es cuando ocurre: todo se altera, los planes desaparecen y el grupo que se ha formado escribe conmigo un guion alternativo que irá enriqueciendo las propuestas que hay sobre la mesa. Como escribir un relato, repito, en el que la composición original se va transformando mientras se avanza y es la historia la que respira marcando su propio ritmo.

En estos años, cada uno de los talleres de Mucho Cuento ha elaborado su guía práctica para escribir relatos, pero es una guía que no tiene un índice definido o un número determinado de temas. Más bien se trata de una experiencia literaria que, quién sabe, en algún momento puede suponer un impulso para escribir y crear mundos a través de la capacidad expresiva y de exploración de las palabras de manera activa e inmediata.

Siempre he apostado por trabajar con esta mecánica en los talleres. Escribir en directo, en la misma mesa del taller donde no dejan de pasar cuentos y autores conocidos que, sin duda, contribuyen a fortalecer el músculo creativo que allí se pone a prueba. Decía Ray Bradbury: “En la rapidez está la verdad. En la deliberación hay pensamiento. Con la demora surge el esfuerzo por un estilo y se posterga el salto sobre la verdad, único estilo por el que vale la pena batirse a muerte o cazar tigres”. La experiencia me ha demostrado que en los talleres esto es lo que funciona: escribir a partir de propuestas que cojan desprevenidos a los participantes.

Por suerte, el género cuento, por el que esta asociación lleva apostando diez años a través de todo tipo de actividades, tiene mucho que escribir, mucho que leer y, sobre todo, un grupo que ha ido ampliando su historia. Recuerdo a todas las personas que han pasado por los talleres y que me han hecho disfrutar y aprender con esta labor. Y, por supuesto, felicito a Mucho Cuento por este aniversario. Que el iceberg siga flotando muchos años más.

Artículo publicado en Córdoba Expone (febrero de 2016).

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Taller de Mucho cuento, enero de 2016

 

ÁNGEL ZAPATA

Estar abierto a la experimentación representa una actitud imprescindible para el escritor principiante, y estoy por decir que es la garantía de una pasión artística genuina. Naturalmente, nada de esto se consigue sin dar una difícil batalla interior, porque en todo escritor que se precie hay también un cabezón incorregible, y uno cambiaría de nombre, de país, de casa, de pareja, antes que de manera de escribir.

Sin embargo hay que hacerlo algunas veces. Y es frecuente incluso que cuando uno encuentra en sus adentros al “escritor de su vida” no se parezca ni mucho ni poco a la imagen que se había forjado. Resulta muy posible que un aspirante a poeta rompa en humorista, o que un aprendiz de novelista sesudo termine siendo un espléndido autor de literatura infantil. La musa es muy veleta -contad con ello-, y no siempre el tipo de literatura que uno prefiere coincide con aquella para la que tiene verdaderas dotes. Por eso importa probar. Y experimentar. Y mantenerse muy alerta, sobre todo, ante la clase de escritura que nos resulte más grata, más cómoda y más fecunda. Eso también: conviene no perder de vista que hay una frontera demasiado sutil entre la fe en sí mismo que todo artista necesita para llevar adelante su obra, y el puro empecinamiento.

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MANUEL MOYA

Vengo observando que ciertos afortunados virgueros del género suelen aliñar sus libros con un breve catálogo de sus experiencias y reticencias y los hay incluso que se atreven hasta a formular listados razonados de observaciones, que suelen presentar como leyes o al menos exponen bajo ese propósito. Yo no me atreveré a tanto, en principio porque siento una desconfianza natural hacia la legislación, sea artística o romana, y en segundo lugar porque mi vida como constante aprendiz de escritor ha transcurrido montando andamios para luego desmontarlos minuciosamente, así que he acabado por admitir que lo que de verdad cuenta para quien habita los edificios que humildemente levanto, son los edificios mismos y no la manera de levantarlos, ni las técnicas empleadas a tal efecto. Mis leyes (mis experiencias) serían en este punto tan discutibles que un recato insuperable me impide hacerlas públicas. Cada texto, sí, se convierte para mí en un viaje singular y distinto que suele recorrer un camino bastante arduo de idas y venidas, de correcciones y tanteos hasta llegar a ser lo que aparece como aparente cristalización (otros preferirán llamarlo rendición o abandono) y que las más de las veces no son sino meros hitos en algún punto del proceso.

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ELOY TIZÓN

En el muro de Facebook hay una opción que te permite añadir “Me gusta” al comentario o la foto de otro internauta. El pictograma es una mano cerrada con el pulgar hacia arriba. También ofrece la posibilidad, en caso de arrepentimiento, de sustituirlo por un “Ya no me gusta”. Eso es todo. La red social de Zuckerberg no admite la alternativa de matizar esa adhesión o ese arrepentimiento con algún estado intermedio, quizá titubeante o más gaseoso. Sólo acepta la rotundidad de un sí o un no, del blanco o del negro, con el pulgar hacia arriba o hacia abajo, sin medias tintas. La duda ha sido expulsada de esta arcadia digital y condenada a vagar por el desierto de territorios más lejanos y lentos, es decir, más literarios. En los despachos de Palo Alto la luz eléctrica sólo puede estar encendida o apagada.

Ahora bien, pensar consiste justamente en lo contrario. Pensar implica el compromiso radical de ir un paso más allá del “Me gusta” o “No me gusta”, de suspender la fase infantil de la imposición caprichosa de nuestros antojos. Aquí no sirve eso tan socorrido del “Porque lo digo yo” y el puñetazo en la mesa. Hay que razonar, justificar, argumentar con palabras de peso nuestro amor, nuestro rechazo, lo cual es complicado e incómodo, ya que puedes equivocarte o quedar ridículo. O puedes caer en la paradoja de aquel personaje de Monterroso, un escritor cuya esposa, tras desvelar los hábitos de trabajo de él, concluía: “Cuando no se le ocurre nada escribe pensamientos”.

Al revés que en Facebook, la literatura es ese lugar extraño en el que la luz puede estar apagada y encendida al mismo tiempo. Recordemos: en la prosa de ficción no hay reglas, excepto aquellas que cada escritor se fija a sí mismo. Las bibliotecas están repletas de peripecias de personajes a los que mueve la esperanza de conseguir algo que les faltaba (la búsqueda del tesoro), o de personajes que tienen algo de cuya posesión disfrutan, pero que les ha sido sustraído, y que ellos se empeñan en recobrar: ‘La carta robada’, ‘El tiempo perdido’, ‘El capote’, ‘Ladrón de bicicletas’… Gran número de ficciones oscilan, pues, entre estos dos polos: la posesión y la pérdida.

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HIPÓLITO G. NAVARRO

A mí no me importa dejarme ir, que sean las palabras, el lenguaje, y las historias y los personajes que de ellos surgen espontáneamente, quienes me hagan avanzar. Me resulta además una de las maneras más estimulantes a la hora de escribir: con ella logro transmutar de forma instantánea el proceso de la escritura en el placer de la lectura, mi gran pasión. Siguiendo este método el autor se convierte en el primer lector asombrado de lo que está escribiendo, como si todo le viniese dictado por un rincón virgen de la cabeza, por una zona inexplorada de sí mismo. Al cabo de años de hacerlo de esta manera sabes que la intuición narrativa te lleva de la mano para lograr algo medianamente interesante, aunque de comienzo no sepas bien de qué estás escribiendo. Luego, está claro, hay que corregir, peinar y repeinar estos textos semiautomáticos, ponerlos guapos antes de sacarlos a la calle. Pero es conveniente trabajar tan sólo en la construcción de las frases, en el sonido de las palabras, en la tarea de construir una página hermosa, y dejar intactas las sorpresas argumentales (y también técnicas, y de composición), para que el lector las encuentre con la misma frescura con las que uno mismo las halló en el proceso de escritura.

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Shoshanna Dreyfus recomienda El vigía

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Taller de Escritura Creativa de la Biblioteca Pública Provincial de Córdoba.

Aquí está el vídeo final con algunas imágenes de la 2ª edición del Taller de Escritura Creativa de la Biblioteca Pública Provincial de Córdoba, que se ha desarrollado durante los meses de octubre, noviembre y diciembre de 2015.

Una historia con final abierto:

 

 

Y un decálogo para escribir cuentos, o para escribir más decálogos.

DECÁLOGO PARA ESCRIBIR CUENTOS DEL TALLER DE ESCRITURA CREATIVA 2015

1)    Para escribir cuentos hay que tener ilusiones, aunque sean pequeñas.

2)    Contempla el mundo y escribe hasta que te quedes tranquilo, como mínimo.

3)    Sé conciso sin llegar a ahogar tus ideas.

4)    Escribe, sobre todo, para contagiar.

5)    Si te atascas, piensa en la escena del camarote de los hermanos Marx.

6)    Que no te preocupe si te acusan de breve y de intenso.

7)    Poe, Chéjov y Hemingway siempre en tu lista de invitados.

8)    Si tu cuento avanza solo, no estorbes demasiado.

9)    Antes de entregárselo a tu monitor de escritura creativa, revisa y corrige.

10)           Y recuerda: escribiendo cuento ya no podrás vivir del cuento.

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Taller de Mucho Cuento, diciembre de 2015

He empezado a publicar en la página de Mucho Cuento una serie de entradas relacionadas con la escritura creativa y la creación literaria. Cada semana, la opinión de un autor.

Aquí están las del mes de diciembre.

GUILLERMO SAMPERIO

José Lezama Lima decía que el poeta, el escritor, anda errante, sin ubicación, mientras no se topa con lo que él llama 《dinámica oscura》, donde se contienen todos los principios del texto. Encontrarse con dicha dinámica es hallarse con algo que está interiorizado en el poeta. Lo interesante -explicaba el cubano- es que este proceso de aparentes tinieblas encierra ya desde antes la vida de las formas literarias y metafóricas del texto futuro; por ello lo nombra 《dinámica》: 《dinámica oscura》. Dinámica porque, como está hecha de lenguaje, se mueve (sobre todo cuando de un cuento se trata, pues ningún género privilegia tanto la intensidad de la acción). Oscura porque para aclararla está el escritor, para dar a los sueños la concreción de las palabras.

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PATRICIA HIGHSMITH

El germen del relato breve de suspense puede tranquilamente surgir del hecho, acontecimiento o posibilidad más nimio, como por ejemplo una lluvia que borra las huellas dactilares decisivas de un vaso de cóctel olvidado en un balcón. Un relato breve de suspense debe contar con una única escena y transcurrir en no más de cinco minutos. Debe estar basado en una experiencia o incidente emocional, como por ejemplo la persecución (a cargo de un hombre) de un animal misterioso que tiene aterrorizado al barrio, y que sólo ese hombre, el protagonista, tiene el coraje de perseguir. El relato breve de suspense (como tantas narraciones breves de detectives) debe basarse en un truco, una forma astuta de escapar (del lugar que sea), o en parte de una información que sólo conozcan los médicos, abogados o astronautas y que valga para sorprender y divertir al hombre común.

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EDITH WHARTON

Se ha dicho muchas veces que un buen tema, en un relato, debería poder expandirse y dar lugar a una novela. Este principio puede defenderse en algunos casos, pero en otros puede dar lugar a equívocos porque no puede tomarse como una teoría definitiva. Cualquier tema (en el sentido que el novelista le da al termino) debe contener, necesariamente, sus propias dimensiones. Y uno de los dones primordiales del escritor de ficción es discernir si ese tema que se presenta ante él, rogándole que lo materialice, se ajusta más a las proporciones de un relato breve o a las de una novela. Si se adapta a ambas, lo más probable es que no sea adecuado para ninguno.
No obstante, sería un gran error tratar de sustentar la teoría inflexible tanto negando la regla como defendiéndola. A cualquiera se le ocurrirían ejemplos de historias cortas escritas con temas que bien podían haberse ampliado y constituir una novela y, a pesar de ello, son historias cortas paradigmáticas y no novelas atrofiadas. Las normas generales, en cualquier forma de arte, resultan útiles si se emplean como la lámpara en una mina, o como la barandilla cuando se baja una escalera a oscuras. Son necesarias para guiarse, pero es un error profesarles un respeto excesivo.

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JULIO CORTÁZAR

Creo que el arma básica de un escritor de ficción no es desde luego el tema que pueda contar, e incluso solamente la forma de escribirlo mejor o peor, sino esa capacidad, esa manera de de ser que determina que un hombre se dedique a la ficción en vez de a la química; ése es el elemento básico, dominante y fundamental en cualquier literatura a lo largo de la historia de la humanidad.
No acepto nunca ese tipo de fantasía que gira en torno a sí misma y nada más y que se siente en el escritor que únicamente hace un trabajo de fantasía y de imaginación, escapando deliberadamente de una realidad que lo rodea, lo enfrenta y le está pidiendo una diálogo en los libros que ese hombre va a escribir. La fantasía, lo fantástico, lo imaginable que yo amo y con lo cual he tratado de hacer mi propia obra es todo lo que en el fondo sirve para proyectar con más claridad y con más fuerza la realidad que nos rodea.

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ADOLFO BIOY CASARES

Vernon Lee, en su libro Traficando con palabras, dice que algunos escritores, para evitar verbos simples como “haber”, “ser”, “estar”, echan mano de expresiones metafóricas. Una ventaja de tales verbos es que se notan menos que los empleados para reemplazarlos. Creo, asimismo, que suele ser preferible repetir una palabra que sustituirla por un sinónimo. En el uso de sinónimos hay que tener cuidado… Se notan a veces como si estuvieran escritos en otro tipo de letra. Pueden compararse con máscaras a las que uno reconoce a través del disfraz.

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El vigía en la revista Este de Madrid

La reseña de José Luis Morante sobre El vigía aparece ahora en la revista Este de Madrid.

http://m.estedemadrid.com/noticia/41574/el-vigia.html

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